Aceptar la Realidad

En estos momentos resulta difícil vislumbrar el día en que la pandemia del coronavirus devenga un recuerdo del pasado. Las consecuencias de esta crisis global, que afecta a todos y no entiende de nacionalidades, etnias, convicciones o patrimonios, son difíciles de imaginar. Pero cuando llegue ese día, ¿habremos cambiado sustancialmente? ¿O la sociedad volverá a sus inercias actuales?

Hay un concepto que me gustaría en este momento resaltar y e pondría por titulo “Aceptar la realidad”.

La realidad son los hechos, lo que ocurre, la respuesta y el comportamiento de los otros, el entorno, lo que siento ahora, el accidente y lo imprevisto. La realidad es lo más difícil de comprender y lo más duro de aceptar. Al principio uno cree que puede cambiarlo y lucha por transformar este mundo. La mayoría no sabemos que la lucha más fuerte, duradera y eficaz consiste en la transformación de uno mismo. Todo lo que aceptamos de los demás, del mundo o de la suerte es el principio de las penas. Se empieza a sufrir cuando no se recibe lo que se espera o desea.

Aceptar la realidad no es resignarse ante los hechos, es partir de los mismos para saber cómo he de actuar. Nadie puede vivir rechazando su realidad. Si la realidad me hace sufrir, lo que ocurre muy a menudo, no conseguiré nada rechazándola. Aceptarla no es aceptar que me guste, no es sentir cumplidos mis deseos, es sencillamente aceptar lo que es mi circunstancia vital y a partir de ese hecho saber responder de tal forma que mi respuesta me sirva para seguir viviendo mejor.

La realidad conmociona nuestro estado de ánimo, cuando nos sentimos abatidos y trastornados, angustiados por lo que ocurre, siempre en el fondo es por la falta de seguridad personal para hacer frente a los hechos y aceptarlos como son.

Si el ser humano desea vivir, y ese deseo es lo que llamamos felicidad, no loo alcanzaremos nunca en la protesta de lo que ocurre sino en la respuesta personal, Saber responder ante los hechos.

Los hechos a veces son injustos, absurdos, inesperados, y la vida sigue indiferente a las protestas y tristezas, sigue como el sol que sale cada día indiferente a mi problema personal. Soy yo el que tiene que ver la vida como es, porque cuando en vez de admitirla, la rechazo, soy yo el que me quedo tirado, ella, la realidad, es siempre más fuerte.

Uno aprende a vivir cuando deja de protestar contra hechos, cuando sabe aceptar lo que ocurre sin luchar contra el pasado que no va a cambiar.

Hay que potenciar la realidad interior personal, la seguridad de nuestra propia conciencia y nuestros valores personales y éticos, entonces la persona empieza a reaccionar ante los hechos de una manera diferente. Se pierde la ilusión, el deseo de vivir, cuando no aceptamos lo que nos ha ocurrido y lo achacamos a la mala suerte, a la respuesta que esperábamos de los demás, de los que más quise. Las circunstancias son mi realidad exterior, y son tan fuertes que pocos logran tener su realidad interior más segura, la seguridad de tu propia conciencia.

La realidad es todo lo que se da y no lo que deseo, es la enfermedad, mi cuerpo, el otro, las condiciones sociales, el poder, la injusticia, la soledad, es todo l que es es este momento y es el ambiente. Esa es la realidad que veo. Pero la realidad se vive y se siente desde lo que uno es y la misma realidad que está´´a ahí para todos, unos son capaces de vivirla en paz y otros por falta de esos valores interiores,  sucumben a su fuerza.

A partir de los hechos debo construir mi futuro, pero es inútil rechazar el suelo que piso, el aire que respiro, es inútil mirar hacia atrás, y si quiero vivir será a partir de lo que soy, de lo que he recibido. Luego tendré que fructificar, tendré que  seguir  dando vida a lo que soy y a los demás, y si no lo hago pierdo la oportunidad de ser lo que puedo y debo ser.

PERSONA                             Ferran Sanchis

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